Compañeros

Atravieso las paredes e irrumpo en vuestras casas a través de estas redes. Es un acuerdo tácito, la sorpresa no necesita autorización. No entiendo por qué hay una justicia para el opresor y otra para el oprimido. ¿Es más justa la justicia en escenarios fastuosos? ¿Por qué aquellos que tienen en sus manos el poder de abatir la sinrazón no lo hacen? ¿Por qué no luchan por sus derechos? Una prosa interrogante ocupa un lugar privilegiado en mi pensamiento.

Soy compañero de serendipias, hallazgos inesperados se cruzan en mi camino, de enclaves mágicos colmados de álamos en los que transcurren mis sueños, quimeras cuyos protagonistas son filántropos que dialogan sobre banquisas cuando el agua del mar se congela en las zonas polares y sobre ardites cuando las monedas carecen de valor. Indómita es mi personalidad y empática la rara condición que me absorbe y define. Albergo la virtud de deleitarme cuando utilizo el lenguaje.

Soy un tratadista de la palabra que se pregunta en qué idioma hablan los que tienen sus manos repletas de oro y sangre. Durante unos instantes se mezcla en el aire un silencio sepulcral. En un mundo en el que las alhajas otorgan derechos y la sangre cuelga medallas a los seres más despreciables, solo me queda una afirmación como posible respuesta: los entusiasmos de aquellos que de una manera incontestable imponen la esclavitud y el absurdo como modo de vida son inefables.

El obrero cuyo sudor hace las veces de combustible en las fábricas, el que con sus manos confecciona las escalinatas de mármol de los aprovechados, el que sufre las consecuencias de las decisiones de despiadados inequívocos, hoy duerme con la miseria como amparo. Este interés irracional, sirve de estandarte a los oligarcas que con sus garras y mala praxis han despojado al pueblo de los bienes que le pertenecen, a la negación del intelecto, a la renuncia del sentido común, a la imposición de la confusión frente al arte de la manipulación. Esta doctrina avala esa fanática afirmación burguesa y ridícula de lo disparatado.

Mi lucha es imparable contra este disparate, proclamo la libertad, la cafeína literaria, el atrevimiento, el suma y sigue de las denuncias recibidas por parte de los defensores del sistema, hacen de mí un candidato perfecto para disfrutar de una irónica estancia en las dependencias del Estado. Orwell me hubiera encerrado literalmente en el ministerio del amor. La derrota no forma parte de mi vocabulario. Con las papeletas del sorteo elaboro pájaros de alas desenvueltas que al batir crean revuelo y, con aires de visita, esparcen pimienta en los ojos de aquellos que quieren amordazarme.

¡Volar, volar y volar! ¿Todo en mí consiste en volar? No. Necesito estar al lado de todo aquel al que la esclavitud cortó sus alas con tijeras eficaces. Nunca se deja atrás a un camarada. Hay quien aparta piedras de su camino de una patada ignorando que si se le aplicara un sentido, esa pequeña piedra puede convertirse en un arma infalible.

Un solo impacto contra el muro portante del capitalismo no generará cambio alguno en su estructura, quedará intacto estableciendo de un modo incuestionable la línea divisoria entre el opresor y el oprimido, la frontera de la deshonra. Es por el bien común que debemos aunar nuestras voces para hacer eco de toda disidencia y tirar piedras con todas nuestras fuerzas a ese muro que sirve de estandarte a los defensores de la explotación desvergonzada y bajo el cual la libertad ha quedado sepultada.

© Camaradas por Luis Álamo.

Escrito por Bioluis
Soy un apasionado de Internet, social media, el diseño, la programación y las nuevas tecnologías. Adicto al chocolate, melómano, sibarita, agnóstico, sapiosexual, applemaníaco, amante de los libros y soñador innato.