Eran como el trigo y la brisa,
como las piedras y el desierto.
Se bebían mutuamente
con los ojos hambrientos,
nadando en el suave silencio
de sus labios cerrados.
Parecían dos dioses trágicos
bajo la lluvia incesante.

Jóvenes, como el humano.
Todo era posible
en el verano de su existencia.
Siempre hablaban del horizonte
en la terraza del bar Esperanza,
mientras trago a trago,
se bebían la distancia y los recuerdos.

Hacían círculos en el aire
con los dedos y las manos.
Decían que era para atrapar al infinito,
hacerse inmortales contra el tiempo.

Cuando la gente pasaba frente a ellos
se erguían con un grito orgulloso.
Con el corazón desbocado en su carrera,
con la razón muerta entre latidos.

© Entre latidos por Luis Álamo.

Escrito por Bioluis
Soy un apasionado de Internet, social media, el diseño, la programación y las nuevas tecnologías. Adicto al chocolate, melómano, sibarita, agnóstico, sapiosexual, applemaníaco, amante de los libros y soñador innato.