Poesía

Cada vez que te veo siento el síndrome de Stendhal. Esa enfermedad psicosomática que eleva el ritmo cardíaco, produce vértigo, confusión, temblor, palpitaciones e incluso alucinaciones cuando estás expuesto a obras de arte, especialmente cuando estas son particularmente bellas.

Éramos como el trigo y la brisa,
como las piedras y el desierto.
Nos bebíamos mutuamente
con los ojos hambrientos.
Mordía tus palabras y en el
silencio de tus labios cerrados
abatía mi hambre con tu carne.

Tu recuerdo fragmenta como un
rayo la madrugada. Tú caminas
descalza, y yo, despacio, para que
el miedo no escuche mis pasos.
Te recuerdo… tan intensamente,
tu voz, y el sonido de tus besos,
se me clavan como estocadas.

Estuve años sin rumbo varando
por islas perdidas, recorriendo
azarosos mares y sinfines de paisajes,
añorando arcoíris de esperanzas sórdidas
y vacías. Playas erradas frenan mi travesía
y secan el sudor de mis deseos.

Así es el amor, la mayor de todas
las verdades, un refugio de la realidad;
la espada contra todos los males.
Una guerra que se libra a diario
pero que nunca deja muertos.

Ojos hambrientos por Luis Álamo.

Escrito por Bioluis

Soy un apasionado de Internet, social media, el diseño, la programación y las nuevas tecnologías. Adicto al chocolate, melómano, sibarita, agnóstico, sapiosexual, applemaníaco, amante de los libros y soñador innato.